¿Cómo crear la creatividad, la criticidad y la autonomía en el aula?

Lo primordial es crear un ambiente de seguridad emocional, de respeto mutuo, de cooperación y de comunicación espontánea y libre en el aula (virtual) es decir, crear un ambiente democrático.

Enseñanza para la comprensión

Enseñanza para la comprensión
que no les pase a nuestros estudiantes...

viernes, 20 de agosto de 2010

Curso Curriculum Universitario: Conceptos y Modelos.

LAS COMPETENCIAS PROFESIONALES EN LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA
Elaborado por: Mayela Dabdub Moreira

El actual modelo económico mundial enmarcado en la globalización, se basa en la renovación permanente de procesos y productos en una dinámica de innovación permanente que ha derivado en un continuo aumento del conocimiento. En esta nueva era, la conectividad física y virtual entre los países y el desarrollo de las tecnologías de la información, facilitan la creación y exportación de bienes y servicios con alto contenido tecnológico de ‘know-how’ o productos del conocimiento, por ejemplo, software, productos multimedia, creaciones audiovisuales, consultoría, servicios educativos, industria discográfica, diseño (Grunberg 2002).
Esta permanente expansión y renovación del conocimiento en todas las áreas disciplinarias produce al mismo tiempo y como contraparte, un permanente proceso de desactualización del conocimiento. Esta dinámica impone que los sistemas de educación superior deban estar permanentemente actualizados en los conocimientos que transfieren, y al mismo tiempo obligan a los profesionales a una actualización de sus conocimientos.
Los productos del conocimiento se distinguen por tener como insumos diferenciales el talento, la creatividad y la formación de sus creadores. Por lo tanto el conocimiento acumulado de una sociedad o su ‘capital intelectual’ constituye un recurso clave para el desarrollo. En este contexto, los sistemas educativos están llamados a cumplir un rol crítico en el desarrollo de los países en los próximos años. “La transformación que está sufriendo el mundo en materia de generación, difusión, almacenamiento y utilización de conocimientos y la naturaleza de los desafíos a los que con seguridad se enfrentarán las futuras generaciones, demanda un cambio en la función de educación superior, liderada por la universidad, como institución, como espíritu y por ello, en singular” (Cedeño, 2008).
De acuerdo a las ideas de Rama (2009), se puede decir que tomando como base este contexto denominado por muchos autores como la era del conocimiento, los sistemas educativos deben iniciar cambios significativos para transformarse en sistemas de aprendizaje focalizados en la capacidad de aprender y en el aprendizaje de saber hacer, utilizables en contextos de creciente obsolescencia y renovación de los conocimientos. Sin duda no son procesos globales iguales en todas las realidades, ya que la capacidad de aprender, resolver problemas, comunicarse, tomar decisiones o sin duda los entornos multiculturales, están determinados por los contextos específicos en los cuales se insertan los sistemas educativos y los sistemas laborales.
Es importante reformar los procesos de enseñanza-aprendizaje, y centrarse en el aprendizaje, porque el objetivo actual de la educación no consiste en enseñar a los estudiantes, sino en habilitarlos para que aprendan a aprender
Muy bien lo expresó hace tiempo Rusell Ackoff (2008) “nuestro asunto es el aprendizaje, no la enseñanza”. Las demandas que enfrentarán, no se satisfarán con recitar conocimientos, sino que será necesario para ellos enfrentarse a múltiples situaciones de las cuales saldrán airosos solo si saben aprender. Se deben dosificar los conocimientos, hay que olvidarse del afán de transmitir todo el conocimiento. La masa de conocimientos es descomunal, y sigue creciendo a alta velocidad, por lo que esta aspiración no es viable. Lo que hay que hacer es plantar semillas de conocimiento, que crezcan y se desarrollen fundamentalmente con las experiencias del estudiante la guía el profesor y apoyados por la universidad. Los conocimientos deben ser jerarquizados en función de su capacidad de potenciar nuevo conocimiento y los programas deben ser revisados de manera que su contenido sea óptimo para la utilización futura que de ellos habrá de hacer el estudiante.
Bianco et al. (2002) indican que el desarrollo de las TICs está permitiendo y facilitando el acceso a una abundante información, en condiciones inéditas, aumentando la potencia creativa de las interrelaciones, mejorando la gestión de gigantescas bases de datos y posibilitando el desarrollo de sistemas descentralizados y de gran escala para la recopilación y cálculo de datos y de intercambio de los resultados.
“Uno de los desafíos que aquí surge consiste en cómo convertir información en conocimiento útil y cómo aprovechar el proceso de generación y apropiación del conocimiento para inducir procesos dinámicos de aprendizaje social, a través de los cuales el conocimiento crea o fortalece capacidades y habilidades en las personas u organizaciones que se lo apropian, convirtiéndose en factor de cambio en la sociedad” (Chaparro, 1998).
Se debe apostar a la creatividad e innovación. Debe enriquecerse la acumulación de conocimientos con el fomento de la creatividad y la innovación. Los conocimientos adquiridos se refieren al pasado, pero el desafío de su utilización está en el futuro. Se debe incorporar como concepto central que el valor de los conocimientos no es su posesión, sino el uso que se dé a ellos. Este enfoque introduce firmemente en la dinámica curricular el saber hacer, a la par del saber. La separación entre el saber y el saber hacer deja de tener sentido y desaparece en una dinámica de integración entre ambos componentes en el marco de un nuevo paradigma del diseño curricular teórico-práctico nuevo.
Como vemos actualmente el problema de los estudiantes ya no es el acceso a la información (que está casi omnipresente), sino la aplicación de metodologías para su búsqueda inteligente, análisis crítico, selección y aplicación. Las clases magistrales pierden importancia y se hacen necesarios espacios y actividades (grupos de trabajo, seminarios) que permitan a los estudiantes trabajar por su cuenta, con el apoyo de las tecnologías de la comunicación y la información, y contar con las orientaciones y asesoramientos del profesor.
Los estudiantes pueden, de acuerdo con los planteamientos constructivistas y del aprendizaje significativo, realizar sus aprendizajes a partir de sus conocimientos y experiencias anteriores, porque tienen a su alcance muchos materiales formativos e informativos alternativos entre los que puede escoger. La disponibilidad de las Tics en la comunidad universitaria va generando poco a poco una creciente presión sobre el docente que le llevará irremisiblemente al cambio.
Los estudiantes que están ingresando a las aulas universitarias son diferentes a los de las generaciones anteriores. La Dra. Idit Harel Caperton, decía en una conferencia reciente en la fundación Omar Dengo (2008) refiriéndose a los jóvenes, que ya no piensan ni aprenden igual que hace 20 años. Pasamos de ver televisión o leer libros con una actitud pasiva, a interactuar, crear y diseñar nuestros propios contenidos. Por ejemplo, en el uso de blogs, wikis, youtube. Nuestro cerebro es más intuito y multitareas. A partir de estos sitios, los jóvenes desarrollan cerebros capaces de una creatividad e imaginación sin precedentes: es una nueva generación de personas y es otro nivel de interacción humana.
La aplicación de las TIC motiva a los alumnos y capta su atención, convirtiéndose en uno de los motores del aprendizaje ya que incita a la actividad y al pensamiento. Al estar más motivados, los estudiantes dedican más tiempo a trabajar y aprenden más, puesto que están permanentemente activos al interactuar con el ordenador y entre ellos mismos a distancia, toda vez que les exige el trabajo en grupo, estimula a sus componentes y hace que discutan sobre la mejor solución para un problema, critiquen o se comuniquen los descubrimientos. En definitiva, la versatilidad e interactividad del ordenador, la posibilidad de "dialogar" con él y el gran volumen de información disponible en Internet les atrae y mantiene su atención. (Fernández, 2006)
La universidad actual se enfrenta a nuevos retos que sobrepasan sus posibilidades de respuesta si no logra hacer los cambios necesarios en su gestión del proceso enseñanza-aprendizaje.
Nuestros estudiantes necesitan adquirir habilidades que les permitan desenvolverse en un mundo profundamente diverso e interconectado. Deben hablar, entender y pensar en idiomas extranjeros. Deben manejar las tecnologías más modernas. Deben analizar crítica y creativamente la complejidad de los desafíos globales que enfrentamos. Deben ser capaces de comprender más que memorizar, de argumentar más que recitar. Y, sobre todo, deben abrazar el cambio. (Arias, 2009)
El cambio de la tecno-estructura de la producción y por tanto en las organizaciones, ha planteado nuevas demandas del trabajo profesional sobre la base de requisitos de mayor flexibilidad y adaptabilidad a cambiantes condiciones, un aprendizaje permanente y la habilidad para transferir la experiencia y el desarrollo de habilidades entre las distintas actividades. Este es un nuevo escenario profesional que requiere de un aprendizaje a lo largo de la vida y que plantea una rearticulación entre los sistemas educativos y el mundo del trabajo. La formación continua, la actualización y la renovación de las competencias profesionales adquieren así una importancia estratégica para el mantenimiento del capital humano, que tiende a modificar las formas de organización tradicional de los sistemas educativos. En este contexto, se comienza a plantear un cambio en las estructuras curriculares de los sistemas educativos. “Sin duda, los resultados del trabajo profesional no dependen exclusivamente del trabajo ni de las tecnologías, sino de una interacción entre ellas, pero sin una transformación de las bases de formación del capital humano hacia un enfoque por competencia, difícilmente se podrán gestionar las nuevas modalidades organizaciones ni las nuevas tecnologías que se están incorporando rápidamente en América Latina de la mano de los procesos de apertura, del aumento del componente de importación y exportación en nuestras economía y del aumento de inversiones extranjeras altamente intensivas en capital.” (Rama, 2009)
Cada vez es más demandante desarrollar profesionales más integrales, capaces de incorporarse a grupos de trabajo de manera eficiente y con valores éticos y morales.
Cedeño (2008) menciona que la universidad debe cambiar su centro de interés. Debe ir de los insumos hacia los resultados. Complementa lo anterior diciendo que lo importante no es que la universidad tenga una gran biblioteca, excelentes profesores, novedosos programas, lo importante es que los estudiantes se transformen en su paso por la universidad, no solo por los conocimientos adquiridos, sino también porque adquirieren destrezas y virtudes. Que los estudiantes sean más diligentes y más rigurosos. Son los resultados y no los recursos los que diferencian a una universidad que deja huella, de una que simplemente entrega títulos. Pero también la universidad debe educar para la convivencia civilizada: Debe ocuparse de fomentar en sus estudiantes una ética funcional a la supervivencia, de enriquecer la capacidad productiva y laboral de sus estudiantes pero también la capacidad de convivir en un mundo que parece demandar nuevas formas de convivencia. El país se beneficiará si la universidad logra inducir conciencia cívica, si estimula los aprendizajes de cómo convivir constructivamente y no solo de coexistir pacíficamente. Adicionalmente, la Universidad debe fomentar la conciencia ecológica. Parece que la humanidad tendrá que plantearse una necesidad de cambio muy importante y posiblemente doloroso de lograr. A menos que ocurran saltos tecnológicos no previsibles hoy, no se ve clara la posibilidad de seguir creciendo con el ritmo que hasta ahora. Se debe revisar la forma en que se ha estado produciendo y consumiendo, y en esto la universidad debe tener un aporte significativo.
Según Perrenoud (2000) una competencia es “La facultad de movilizar un conjunto de recursos cognitivos, saberes, capacidades, informaciones, etc. para solucionar con pertinencia y eficacia una serie de situaciones”. Es decir conlleva como parte esencia trasladar lo aprendido a situaciones reales, inéditas y complejas.
El concepto de competencias remite a la idea de aprendizaje significativo, donde la noción de competencia tiene múltiples acepciones. La capacidad, expresada mediante los conocimientos, las habilidades y las actitudes, que se requiere para ejecutar una tarea de manera inteligente en un entorno real o en otro contexto. La competencia toma en cuenta el contexto, es el resultado de un proceso de integración que está asociado con criterios de ejecución o desempeño e implica responsabilidad. Según Catalano (2004) la competencia es la capacidad de movilizar conocimientos y técnicas, y a la capacidad de construir esquemas referenciales de acción que faciliten acciones de diagnóstico o de resolución de problemas productivos no previstos, como posibilidad de resolver problemas y realizar actividades de su contexto profesional para cumplir con los objetivos, teniendo en cuenta la complejidad de la situación, los valores y criterios profesionales adecuados mediante la articulación de los saberes requeridos. En el contexto de los saberes en general, las competencias son los recortes metodológicos que refieren a conocimientos concretos que tienen una asociación específica con demandas de prácticas asociadas a los mercados laborales.
El concepto de competencia otorga un significado de unidad e implica que los elementos del conocimiento tienen sentido sólo en función del conjunto. En efecto, aunque se pueden fragmentar sus componentes, éstos por separado no constituyen la competencia: ser competente implica el dominio de la totalidad de elementos y no sólo de alguna(s) de las partes.
Por su naturaleza, o por la forma en que se adquieren o desarrollan, las competencias se clasifican usualmente en académicas, laborales y profesionales. En lo que respecta a las competencias académicas, estas son las que promueven el desarrollo de la capacidades humanos de resolver problemas, valorar riesgos, tomar decisiones, trabajar en equipo, asumir el liderazgo, relacionarse con los demás, comunicarse (escuchar, hablar, leer y escribir), utilizar una computadora, entender otras culturas, y aprender a aprender. Otras competencias en el mismo sentido son las de aprender a emprender, para lograr.
Los aspectos de desempeño y de compromiso ético se corresponden con una de las características más distintivas del nuevo conocimiento, que es su capacidad de revertirse en la sociedad, porque se trata de generar competencias para la resolución de problemas. Las propuestas de enseñanza y aprendizaje en el marco de la sociedad del conocimiento deberán integrar un sistema educativo cuyo objetivo sean las operaciones de pensamiento, pero no en el marco del pensamiento tradicional, sino dentro de un modelo donde las operaciones de pensamiento puedan expresarse en competencias de acción, que sean competencias complejas en las que se mezcla conocimiento abstracto con experiencia concreta. El promover un enfoque por competencias se constituye en un instrumento muy completo en la construcción de cambios en los sistemas de educación superior, de cara tanto a la movilidad y al empleo En general, la propuesta de las competencias profesionales integradas constituye un modelo que permite incorporar las actuales demandas laborales sin descuidar la formación integral de los estudiantes en los ámbitos humano, profesional y disciplinar. En ese sentido, la educación basada en competencias enriquece y retroalimenta considerablemente los currículos sin contradecirlos de fondo; por el contrario, puede constituirse en una propuesta de formación profesional más actualizada y de mayor calidad, como a los aprendizajes. En este sentido las competencias permiten:
1. Fomentar la transparencia en los perfiles de las titulaciones.
2. Promover un mayor énfasis en los resultados de los procesos de enseñanza.
3. Desarrollar un paradigma centrado en los estudiantes, que incluya no solo el saber.
4. Promover nuevas dinámicas de enseñanza para apropiarse de las competencias específicas y genéricas y articular diversidad de aprendizajes.
5. Ampliar los niveles de empleabilidad.
6. Crear un lenguaje común para la movilidad profesional asociado a los créditos.
El enfoque por competencias traería muchos beneficios al sistema, entre las que tenemos:
Beneficios curriculares: El primer beneficio es curricular, pues habría que realizar una revisión de los propósitos de formación del currículo; y su respuesta lleva necesariamente a una evaluación de la pertinencia del mismo, y se constituirá en el insumo requerido para replantear la organización de los contenidos del plan de estudios, dado tradicionalmente en asignaturas o materias.
Un currículo orientado por el enfoque por competencias puede brindar la oportunidad histórica de abrir un gran espacio de reflexión sobre los procesos de diseño curricular, las prácticas de enseñanza y las formas de evaluación que tienen lugar en la universidad.
Como bien lo expresa Perrenoud (2002) “el enfoque por competencias sólo se opone a la cultura general si se le da a esta última una orientación enciclopédica. La recuperación del valor instrumental de los contenidos constituye una de las tareas centrales del diseño y el desarrollo curriculares.”
Diseñar un currículo por competencias implica construirlo sobre núcleos problemáticos al que se integran varias disciplinas, es decir un currículo integrado, pues se trabaja sobre procesos y no sobre contenidos.
Beneficios didácticas: A nivel didáctico Gómez (2002), propone el cambio de metodologías centradas en el profesor a metodologías centradas en el estudiante y en el proceso de aprendizaje. Esto representa un cambio importante por metodologías activas y bajo el paradigma constructivista. Dentro de los modelos educativos más recientes destacan dos propuestas para mejorar la pertinencia y relevancia de la educación. La primera plantea un cambio en el énfasis puesto tradicionalmente en la enseñanza hacia el aprendizaje. La segunda propuesta se orienta hacia la búsqueda de una educación más significativa lo cual se vería reforzado con un enfoque por competencias. Gómez (2002) por ejemplo propone básicamente tres metodologías para realizar trabajo por competencias:
1. Trabajo por proyectos: En el que a partir de una situación problema se desarrollan procesos de aprendizaje y de construcción de conocimiento, vinculados al mundo exterior, a la cotidianidad y al contexto.
2. Resolución de problemas: Esta metodología permite hacer una activación, promoción y valoración de los procesos cognitivos cuando los problemas y tareas se diseñan creativamente. Los talleres y seminarios son un buen ejemplo de ello.
3. Enseñanza para la comprensión: Desde la perspectiva de Perkins (1994), enfocar el proceso de aprendizaje hacia la comprensión implica organizar las imágenes y las representaciones en diferentes niveles para lograr la comprensión por parte de los estudiantes, consecuentemente ellos aprenden a comprender y por consiguiente logran conciencia sobre cómo ellos comprenden.
Beneficios en la evaluación: La evaluación es uno de los puntos más complejos e interesantes en la formación por competencias, pues una evaluación por competencias implicaría una reforma radical del sistema educativo, implica esencialmente el cambio de una evaluación por logros a una evaluación por procesos, por lo tanto no se evalúa un resultado sino todo el proceso de aprendizaje, en el que a su vez interfiere el contexto, la motivación, los sistemas simbólicos y el desarrollo cognitivo. Ello implica hacer un seguimiento al proceso de aprendizaje desde la motivación misma hasta la ejecución de la acción y su consecuente resultado.
Sin duda, en América Latina aún cuando existe una demanda laboral para las competencias y habilidades tradicionales el cambio tecnológico ha modificado y ha incrementado los requerimientos en las competencias adicionales a los profesionales que les permitan insertarse eficazmente en el mundo profesional y ser competitivos en sus funciones.
En este escenario, es importante plantear un cambio en las estructuras curriculares de los sistemas educativos, hacia un enfoque por competencias. Tal enfoque, se constituye en un instrumento que promueve un nuevo paradigma en la relación entre la Universidad y la sociedad, al facilitar una adecuación de la formación profesional de cara a los cambios en los contextos del trabajo profesional y las tecnologías. Si bien es cierto que el enfoque orientado a las competencias surge del ámbito académico ligado a la formación y el empleo, a partir de los aportes de la economía y sociología del trabajo y de la pedagogía laboral, salta a la discusión pública a partir de su inclusión en documentos de trabajo de la Comisión Europea en la “Declaración de Bolonia” (1999), y esto abre las esperanzas para desarrollar currículos más pertinentes, centrados en el aprendizaje y desde luego tomando en cuenta los componentes éticos y sociales que han sido abandonados en los currículos tradicionales centrados en los contenidos y en las disciplinas.
¿Cuál sería entonces el gran aporte de las competencias a los procesos de formación? se pregunta Salas (2008), y se responde a sí mismo diciendo que definitivamente podría considerarse éste un modelo de formación integral en el que la respuesta al ¿para qué? está siempre presente.
Un modelo que obliga a cuestionarse alrededor de la pertinencia de los procesos educativos, que invita a repensar al sujeto de aprendizaje como un agente transformador de la realidad, que convoca al cuerpo docente a una reflexión y los llama a adaptarse a sus estudiantes, a sus procesos intelectivos, a sus preconceptos derivados de la experiencia y a sus aptitudes; es algo necesario para responder a los retos de la universidad actual.

De todas maneras, el verdadero debate apenas comienza.

REFERENCIAS

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Bianco, C., Lugones, G., Peirano, F., Salazar, M., (2002) Propuesta metodológica para la medición de la sociedad del conocimiento en el ámbito de los países de América latina. Revista CTS. N° 1 vol. 1.
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3 comentarios:

  1. Mayela, todo un gusto leer su artículo y las perspectivas que propone sobre lo que en competencias, la educación superior debería estar pensando y repensando; y no solo eso, sino sobre todo actuando a través de modelos pedagógicos consecuentes. Sus palabras ponen sobre la mesa de discusión el tema y espero sea fecunda ahora y en el futuro.

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  2. Gracias por su comentario.
    Esperemos que las universidades de verdad replanteen el curriculum de manera que permitan dar un nuevo sentido a la educación. Que no sea solo un tema de moda, sino una verdadera innovación.

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